sábado, 28 de noviembre de 2015

A CURRO GANDULLO







Seguidillas

Los cuernos de la luna,
en la dehesa,
juegan a ser un toro
con tu muleta.

En el centro del ruedo,
figura quieta,
embarcas al torito
de piel canela.
Lo paras en los medios
y con la izquierda,
lo empapas con los vuelos
de la franela.

Templando, niño, al toro
y su fiereza,
le mandas que te embista
por la derecha.

La plaza se levanta
con tu faena,
porque toro y torero
son una pieza
de mármol y de bronce
que arte genera.

Y hasta los angelitos
de alma torera,
se asoman para verte
sobre la arena.

¡ Curro Gandullo,
quien fuera ángel
para verte de luces
todas las tardes¡




SANDRO DE RIVELLO

sábado, 21 de noviembre de 2015

Tarde de otoño








Entre hileras de álamos dorados,
la tarde nos inunda con su oro;
¡la tarde es de espléndida bonanza!,
una bella acuarela en el otoño.


Siluetas bellas;
dorada tarde:
siluetas de hojas,
como un  alarde...

Hileras de álamos,
senda dorada:
afable luz,
nos embriaga.

El sol que cae,
impregna de oro
el aire tibio
del bello otoño.

Azul purísimo
cubre la tarde;
naranja y oro,
los bellos árboles.

¡Sol de la tarde
que está cayendo!;
momento mágico,
cuando me acerco...


¡Tarde dorada!,
luciente hora;
cuando yo paso
tu luz me arroba...





Doncel






domingo, 15 de noviembre de 2015

EL ÁRBOL




¡Míralo!
Alto y majestuoso.
Las ramas al viento,
sus raíces fuertes.
Un tronco duro,
fruto de muchos años de sol y lluvias.

Es un símbolo de eternidad,
que ha ido creciendo poco a poco,
entretejiendo sus ramas
formando una red
atravesada por los rayos de luz
que proyectan sombras danzantes
en el húmedo suelo bajo su copa.

Encontramos en él
un lugar dónde tumbarnos,
leer y pensar,
escribir y soñar.
Buscar formas en las nubes que adornan
el cielo azul de verano.
Contemplar el ocaso,
bailando al ritmo de la música
que trae la última brisa
de un día perfecto.
 
 
 
 
JAVIER PRATS


sábado, 7 de noviembre de 2015

A UNA MUJER QUE VINO DEL MAR








Quisiera contemplarte desde el orto,
hasta el ocaso triste de la tarde,
y apagar ese fuego que en mí arde
y me abrasa entre lánguido y absorto.

Se que vienes del mar porque en el corto
fulgor de tu mirada hay un alarde
de azul mediterráneo y yo, cobarde
silencio el mal de amores que soporto.

Tu cabello es cascada turbulenta,
dorada como el sol del mediodía.
Mujer del mar, mi alma está sedienta,

sáciala con tu amor de noche y día,
librándola del mal que la atormenta
o dale, con tu olvido, la agonía.




ALEJANDRO MARTINO VICO

lunes, 2 de noviembre de 2015

Ocaso en la ciudad







La tarde es oro puro en la terraza.
El sol ya se va yendo en lejanía...
y yo siento en el alma epifanía,
de belleza, de luz y de bonanza.

Azul del cielo y oro incandescente.
El sol que ya se marcha, destellante,
cae sobre los campos, lentamente,
y el día va muriendo rutilante.

¡Ocaso en la ciudad, cuando la miro¡
La luz se va ocultando en la arboleda;
la nostalgia, en mi corazón navega,
cuando yo vuelvo a  la infancia y suspiro...
Y veo la plazoleta en mi mente,
que exhala su belleza dulcemente






DONCEL